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EL VALOR DEL TRABAJO: DEBER, DIGNIDAD Y JUSTICIA.

12/10/2025

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NADA DE LO QUE NECESITAMOS SURGE POR SÍ SOLO: EL TRABAJO ES EL CIMIENTO DEL BIENESTAR COLECTIVO Y EL SOSTEN DE NUESTRA IDENTIDAD PERSONAL.
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Absolutamente todo lo que nos rodea y necesitamos tiene un origen causal; no aparece por magia. La comida que nos alimenta, la luz que nos guía, el agua que calma nuestra sed, las carreteras que recorremos y los hospitales y las escuelas que nos cuidan... todo existe gracias al esfuerzo y la responsabilidad de innumerables personas. 
Cada aspecto que sostiene la vida humana es el fruto del trabajo de millones de personas. Pensar que podemos vivir sin trabajar, cuando tenemos la capacidad de hacerlo, es ignorar el pacto silencioso que mantiene en pie nuestra vida en sociedad. En este post reflexionaremos sobre ese pacto y nos centraremos en el verdadero valor del trabajo.  ¿Me acompañas?
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"Cada alimento, cada abrigo, cada servicio que cubre nuestras necesidades es fruto del trabajo y esfuerzo de innumerables personas. Vivir de ello nos responsabiliza: debemos aportar nuestro propio esfuerzo, por respeto a nosotros mismos  ​y a la sociedad que nos sostiene"

CIMIENTO DEL BIENESTAR COLECTIVO
 El trabajo no es solo un medio económico; realmente es el cimiento del bienestar colectivo. Sin duda, cada empleo activo alimenta una red de servicios esenciales para la vida en sociedad. Según la Organización Internacional del Trabajo (ILO, 2023), los trabajadores clave, quienes mantienen sectores vitales como salud, transporte, limpieza y alimentación, representan el 52% de la fuerza laboral en 90 países.  Sin ellos, el sistema colapsaría, ya que su labor garantiza que la sociedad siga funcionando. 

La OCDE (2024) recuerda que el empleo es "un factor esencial para la autosuficiencia" (Society at a Glance 2024). De hecho, los países con más personas activas son más prósperos, más saludables y menos desiguales. Donde hay más empelo, hay más ingresos fiscales, mejores servicios públicos y mayor cohesión comunitaria. 
Por el contrario, cuando la inactividad se normaliza, toda la estructura se resiente, es así ya que menos trabajadores significa menos impuestos, menos recursos para sanidad, educación o transporte. Un país sin trabajadores no puede sostener su bienestar. 
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En este sentido, cabe pensar que no esforzarse cuando se puede hacerlo es, en cierto modo,  un fraude: un fraude al bien común y a uno mismo. Resulta, además, profundamente injusto pretender disfrutar de los derechos que la sociedad ofrece - seguridad, salud, educación, infraestructura - sin contribuir con el esfuerzo que los hace posibles.
Quien exige sin aportar rompe el equilibrio entre derechos y deberes, ese equilibrio frágil pero esencial que garantiza la justicia social y el progreso colectivo. 
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EL TRABAJO COMO DIGNIDAD, EL TRABAJO COMO JUSTICIA
Trabajar es mucho más que cumplir una tarea: es participar activamente en la construcción del mundo común. En el trabajo se manifiesta la dignidad humana, porque cada persona que aporta su esfuerzo afirma su valor, su capacidad y su libertad. 
Desde una mirada más personal y psicológica, el trabajo no solo es un medio de sustento, sino un acto de dignidad interior. A través de nuestras labores no solo generamos bienestar económico, sino que también fortalecemos nuestra identidad. 
Según la OCDE (n.d.) tener un empleo mejora la autoestima, fomenta la inclusión social y promueve la salud mental. El trabajo nos da pertenencia, propósito y sentido. Rechazarlo sin una causa justa es, en cierto modo, renunciar a una parte esencial de nuestra humanidad. 
El trabajo también es justicia: distribuye responsabilidades y recompensas, equilibra derechos y deberes, y mantiene unida la comunidad. Quien trabaja contribuye al bien común y sostiene el orden moral que permite la convivencia. 
Cuando el trabajo se desprecia o se evita, no solo se debilita la economía, sino el vínculo ético que nos une como sociedad. Valorar el trabajo - propio y ajeno - es, por tanto, reconocer la dignidad de las personas y afirmar la justicia que sostiene la vida en común.
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EL TRABAJO COMO PILAR  DE LA SALUD MENTAL
​Desde la neurología, se ha demostrado que el trabajo activa circuitos cerebrales vinculados a la motivación y la recompensa, particularmente en áreas como el núcleo accumbens y la corteza prefrontal (Knutson & Cooper, 2005). Estas zonas del cerebro se activan cuando realizamos tareas con un propósito, liberando dopamina, lo que refuerza nuestra sensación de logro y pertenencia. En contraste, la inactividad prolongada se ha asociado con un mayor riesgo de depresión y deterioro cognitivo (McEwen & Gianaros, 2011). De estar manera, trabajar no solo sustenta la economía, sino que también protege nuestra salud mental, potencia la plasticidad cerebral y ayuda a mantener el equilibrio emocional. En última instancia, el trabajo es coherente tanto con nuestra biología como con nuestras convicciones morales: es una expresión de justicia hacia los demás y de fidelidad hacia uno mismo. Vivir plenamente, en definitiva, implica contribuir activamente al mundo que nos rodea. 

EL VALOR DE TRABAJAR
El trabajo no es solo obligación ni medio económico: es dignidad, justicia y sentido.  Con él contribuimos al bienestar, afirmamos nuestra identidad y fortalecemos nuestra vida. Trabajar implica asumir responsabilidad, dar lo mejor de uno mismo y no delegar lo propio; valorar el trabajo es reconocer que nuestra vida y la sociedad prosperan cuando cada uno aporta su esfuerzo, y solo así nuestra ética y dedicación generan verdadero progreso.

¿Qué te ha parecido el recorrido? Estaré totalmente encantada de recibir tus aportaciones, discrepancias y demás comentarios.  ;) 
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BIBLIOGRAFÍA
  • International Labour Organization. (2023). World Employment and Social Outlook 2023: The value of essential work. ILO.
  • Organisation for Economic Co-operation and Development. (2024). Society at a Glance 2024: OECD Social Indicators. OECD Publishing.
  • Organisation for Economic Co-operation and Development. (n.d.). Jobs. OECD Better Life Index.
  • Knutson, B., & Cooper, J. C. (2005). Functional magnetic resonance imaging of reward prediction. Current Opinion in Neurology, 18(4), 411–417. https://doi.org/10.1097/01.wco.0000173463.24758.f6
  • McEwen, B. S., & Gianaros, P. J. (2011). Stress- and allostasis-induced brain plasticity. Annual Review of Medicine, 62, 431–445. https://doi.org/10.1146/annurev-med-052209-100430
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EL PODER DE LAS EMOCIONES: LA FUERZA INVISIBLE QUE MOLDEA NUESTRA PERCEPCIÓN DEL MUNDO.

18/3/2025

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Las emociones son fundamentales en nuestra experiencia como seres humanos, ya que nos ayudan a reaccionar ante los estímulos del entorno y a tomar decisiones rápidas, decisiones que pueden ser clave para nuestra supervivencia. El impacto de las emociones va más allá de nuestras acciones ya que también moldean profundamente la forma en que percibimos el mundo que nos rodea. En este post, exploraremos cómo las emociones alteran nuestra percepción y cómo influyen en nuestra manera de interpretar la realidad. ¿Me acompañas en este recorrido?
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"No olvidemos que las pequeñas emociones son los grandes capitanes de nuestras vidas
​y les obedecemos sin darnos cuenta"
(Vincent Van Gogh)

La neuropsicología nos proporciona valiosos conocimientos sobre cómo las emociones no solo influyen en nuestras acciones, sino también en la forma en que percibimos la realidad. Estructuras como la amígdala, la corteza prefrontal y los neurotransmisores desempeñan un papel fundamental en el desarrollo y la regulación de nuestras emociones. A continuación veremos cómo cada una de estas estructuras contribuye a nuestra experiencia emocional y de qué manera el contexto social y cultural en el que estamos inmersos puede amplificar o mitigar su impacto en nuestra percepción del mundo. 

​El papel del sistema límbico en la percepción emocional
El sistema límbico es una red de estructuras cerebrales encargadas de regular nuestras emociones y comportamientos. Dentro de ellas, la amígdala tiene un papel fundamental en el procesamiento emocional, ya que detecta amenazas y activa las respuestas. Cada vez que experimentamos sentimientos como felicidad, tristeza, ira o miedo, esta región del cerebro está trabajando a toda marcha.Lo curioso es que la amígdala no solo responde a nuestras emociones, sino que también influye en cómo interpretamos los estímulos que nos rodean. Por ejemplo, cuando estamos ansiosos o temerosos, tendemos a ver amenazas donde no las hay, y  una charla común puede sentirse como un enfrentamiento, o un ruido insignificante puede parecernos una alarma de peligro inminente.
Este fenómeno resalta cómo nuestras emociones filtran la información que recibimos del mundo. La amígdala actúa como un "filtro emocional", potenciando ciertos aspectos de lo que vivimos y minimizando otros. Cuando estamos felices, todo parece más brillante y positivo; mientras que, si estamos tristes o enojados, la misma situación puede verse desde una perspectiva mucho más negativa.

​La corteza prefrontal y la regulación emocional
La corteza prefrontal, ubicada en la parte frontal del cerebro, está asociada con la toma de decisiones, el pensamiento racional y la regulación emocional. Su función principal es moderar las respuestas impulsivas, equilibrando las emociones y permitiendo una evaluación más objetiva de las situaciones. Sin embargo, cuando las emociones son intensas, su capacidad reguladora puede disminuir, dejando que el sistema límbico, especialmente la amígdala, tome el control de la interpretación de la realidad.
Por ejemplo, en una persona que experimenta estrés o ira, la corteza prefrontal puede volverse menos eficiente para inhibir reacciones impulsivas. Esto puede distorsionar la percepción del entorno, haciendo que las interacciones sociales parezcan amenazantes incluso en ausencia de un peligro real. Así, las emociones intensas pueden nublar el juicio y dificultar una evaluación objetiva de las situaciones
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​Neurotransmisores y su impacto en la percepción
Los neurotransmisores son sustancias químicas que facilitan la comunicación entre neuronas y afectan tanto las emociones como la percepción. Por ejemplo, la dopamina, asociada con el placer y la recompensa, influye en la manera en que interpretamos nuestras experiencias. Niveles altos de dopamina favorecen una visión más optimista y un enfoque en las experiencias positivas, mientras que niveles bajos de serotonina o dopamina pueden hacer que la percepción se vuelva más negativa, destacando aspectos problemáticos o amenazantes del entorno.
Esto se observa en trastornos emocionales como la depresión y la ansiedad. En la depresión, la disminución de serotonina puede hacer que una persona perciba su entorno de manera sombría y desalentadora, incluso sin evidencia objetiva de ello. De manera similar, la ansiedad puede intensificar la percepción de amenaza, llevando a sobrestimar riesgos y peligros en situaciones cotidianas
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​El impacto de la experiencia emocional pasada
Las experiencias emocionales previas desempeñan un papel clave en la interpretación de situaciones actuales. El hipocampo, una estructura cerebral vinculada a la memoria, almacena recuerdos emocionales que nos ayudan a aprender de experiencias pasadas. Sin embargo, estas memorias pueden influir en nuestra percepción del mundo. Alguien que ha sufrido traición o dolor emocional puede volverse más sensible a situaciones que le recuerden esas experiencias, incluso si no representan una amenaza real.
Por ejemplo, una persona que ha sufrido una pérdida significativa podría percibir futuros eventos con mayor negatividad o cautela, aunque no impliquen un peligro real. Así, las emociones pasadas actúan como una lente que filtra nuestra percepción del presente, afectando su objetividad
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​La percepción como un proceso activo
La percepción no es un proceso pasivo, sino un fenómeno dinámico en el que nuestro cerebro no solo recibe estímulos del entorno, sino que también los interpreta y les otorga significado. Este proceso está profundamente influenciado por nuestras emociones, experiencias previas y estados internos. Las emociones, en particular, no solo son una reacción a lo que percibimos, sino que también actúan como un filtro que modula qué información priorizamos, cómo la interpretamos y, en última instancia, cómo experimentamos la realidad.
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Desde una perspectiva neuropsicológica, podemos comprobar cómo las emociones impactan de manera profunda y directa en nuestra percepción del mundo. El sistema límbico, los neurotransmisores y la corteza prefrontal interactúan para modelar nuestra interpretación de los estímulos, filtrando la información a través de las emociones que experimentamos. Como resultado, nuestra visión del mundo puede estar distorsionada por nuestros estados emocionales, lo que implica que lo que vemos, pensamos y sentimos no siempre representa fielmente la realidad objetiva.  

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BIBLIOGRAFÍA
  • Adolphs, R. (2002). Neural systems for recognizing emotion. Current Opinion in Neurobiology, 12(2), 169-177. https://doi.org/10.1016/S0959-4388(02)00301-X
  • Damasio, A. R. (1996). The somatic marker hypothesis and the possible functions of the prefrontal cortex. Philosophical Transactions of the Royal Society B: Biological Sciences, 351(1346), 1413-1420. https://doi.org/10.1098/rstb.1996.0125
  • Dolan, R. J. (2002). Emotion, cognition, and behavior. Science, 298(5596), 1191-1194. https://doi.org/10.1126/science.1076358
  • LeDoux, J. E. (2000). Emotion circuits in the brain. Annual Review of Neuroscience, 23, 155-184. https://doi.org/10.1146/annurev.neuro.23.1.155
  • Pessoa, L. (2008). On the relationship between emotion and cognition. Nature Reviews Neuroscience, 9(2), 148-158. https://doi.org/10.1038/nrn2317
  • Phelps, E. A. (2006). Emotion and cognition: Insights from studies of the human amygdala. Annual Review of Psychology, 57, 27-53. https://doi.org/10.1146/annurev.psych.56.091103.070234
  • Rolls, E. T. (2000). The orbitofrontal cortex and reward. Cerebral Cortex, 10(3), 284-294. https://doi.org/10.1093/cercor/10.3.284
  • Vuilleumier, P. (2005). How brains beware: Neural mechanisms of emotional attention. Trends in Cognitive Sciences, 9(12), 585-594. https://doi.org/10.1016/j.tics.2005.10.011
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LA RELACIÓN ENTRE EL CANNABIS Y LA ESQUIZOFRENIA: UN VIAJE POR LA CIENCIA Y EL RIESGO.

25/2/2025

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El creciente número de investigaciones científicas sobre la relación entre el consumo de cannabis y la esquizofrenia ha revelado importantes aspectos sobre su impacto en la salud mental, despertando un renovado interés y preocupación en la comunidad global. El cannabis es la droga psicoactiva ilegal más consumida en el mundo, y su uso recreativo, así como en algunos casos terapéutico, ha generado un debate polarizado que parece no tener fin. Detrás de esta sustancia, que muchos consideran inofensiva, se oculta un riesgo significativo y a menudo subestimado: su conexión con el desarrollo de esquizofrenia y otros trastornos psicóticos. A lo largo de este post haremos un recorrido por la ciencia y el riesgo, iluminando el lado oscuro del consumo de esta droga psicoactiva.  ¿Me acompañas?
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"Los buenos hábitos formados en la juventud marcan toda la diferencia". (Aristóletes)
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El cannabis, una planta que incluye tres especies principales: Cannabis sativa, Cannabis indica y Cannabis ruderalis, ha estado presente en la historia y la cultura humana durante siglos. Popularmente conocida como marihuana, hierba, mota, ganja o cáñamo, es una planta ha generado un interés global tanto por sus aplicaciones recreativas como por sus usos medicinales. Entre sus componentes principales destacan el tetrahidrocannabinol (THC), responsable de sus efectos psicoactivos, y el cannabidiol (CBD), que no produce efectos psicotrópicos y cuyo potencial terapéutico ha sido respaldado para el tratamiento de diversas afecciones (VanDolah et al., 2019)  
Sin embargo, debido al los efectos del THC el consumo del cannabis presenta riesgos significativos que exigen especial atención.

En los últimos años, la comunidad científica ha intensificado sus estudios sobre el cannabis, poniendo especial énfasis en los efectos negativos que puede tener sobre la salud mental. Estos riesgos no son menores: el consumo prolongado de cannabis se ha relacionado con trastornos como la ansiedad, la depresión, el déficit de atención y, también con episodios de psicosis o el desarrollo de esquizofrenia. Estas implicaciones son especialmente preocupantes entre los jóvenes, un grupo vulnerable debido a que sus cerebros aún están en desarrollo, lo que los hace más propensos a los efectos adversos del THC.
La creciente popularidad del cannabis a nivel mundial subraya la importancia de estas investigaciones ya que, su consumo entre adolescentes y adultos jóvenes, puede tener consecuencias devastadoras a corto y a largo plazo.​
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El THC  (Tetrahidrocannabinol) y el cerebro: una relación peligrosa
El THC es el principal componente psicoactivo del cannabis y actúa directamente sobre el sistema endocannabinoide del cerebro. Este sistema regula funciones cruciales como la memoria, la percepción, la emoción y el juicio. El consumo de THC altera estas funciones al modificar la actividad en regiones como la corteza prefrontal, el hipocampo y la amígdala.
Los efectos del THC no son uniformes ya que en algunos casos se experimenta relajación y euforia y en otros paranoia, alucinaciones o desorganización del pensamiento.  Estudios como el publicado en The Lancet Psychiatry revelan que el consumo frecuente de cannabis multiplica por cuatro el riesgo de desarrollar psicosis. Este riesgo es aún mayor si el consumo comienza durante la adolescencia ya que es una etapa crucial para el desarrollo cerebral. (Di Forti et al., 2019).

Genética y cannabis: una combinación peligrosa
​La vulnerabilidad al impacto del cannabis en la salud mental se ve amplificada por factores genéticos. Investigaciones han identificado variantes específicas en genes como COMT y AKT1 que predisponen a ciertos individuos a desarrollar esquizofrenia tras el consumo de marihuana. Caspi et al. (2005) demostraron que estas variaciones genéticas actúan como un factor detonante, amplificando los efectos adversos del cannabis.
Estos hallazgos subrayan la importancia de entender el consumo de cannabis no solo como un factor de riesgo aislado, sino como parte de un complejo entramado de interacciones biológicas y ambientales. Es decir, para algunas personas, el cannabis no solo es una sustancia psicoactiva, sino un desencadenante directo de trastornos mentales graves.
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​Impacto en jóvenes: el grupo más vulnerable
El informe del 
European Monitoring Centre for Drugs and Drug Addiction reveló un dato preocupante hasta el 30% de los casos de esquizofrenia en hombres jóvenes podrían atribuirse al consumo de cannabis. Además, quienes comienzan a consumir esta sustancia antes de los 18 años tienen un riesgo significativamente mayor de desarrollar psicosis.
El consumo temprano interfiere con el desarrollo cerebral, afectando procesos como la sinaptogénesis y la mielinización, fundamentales para el funcionamiento cognitivo. Por ello, es crucial enfocar las estrategias de prevención en los adolescentes y sus familias, ofreciendo información clara y basada en evidencia.
Los pacientes con esquizofrenia relacionada con el consumo de cannabis enfrentan un pronóstico significativamente peor. Estudios longitudinales, como el de Zammit et al. (2002), destacan que estos pacientes presentan:
  • Recaídas más frecuentes.
  • Mayor necesidad de hospitalizaciones prolongadas.
  • Respuesta reducida a los tratamientos antipsicóticos.
Esto no solo afecta la calidad de vida de los pacientes, sino que también genera una carga adicional para los sistemas de salud.
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El Cannabis y la Esquizofrenia: Un Riesgo Científicamente Probado 
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La importancia de la educación y la prevención
El  consumo recreativo de cannabis conlleva riesgos graves que no deben subestimarse. La evidencia científica es contundente: 
 es esencial desarrollar campañas educativas dirigidas a los jóvenes, explicando cómo el consumo temprano puede afectar el desarrollo cerebral y aumentar el riesgo de trastornos mentales. Estas campañas también deben considerar los factores genéticos y el impacto del THC en el sistema endocannabinoide para ofrecer una visión más completa del problema.
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Sin duda, el consumo de cannabis y su relación con la esquizofrenia es un tema complejo que exige atención urgente y requiere un enfoque verdaderamente multidisciplinario. La ciencia no solo nos brinda herramientas para entender los riesgos, sino que también nos impone una responsabilidad ineludible: actuar con decisión para proteger a las generaciones presentes y futuras.
Informar, prevenir y tratar no son opciones, sino pilares fundamentales para mitigar el impacto de esta sustancia en la salud mental. Resulta imperativo repensar  los riesgos asociados al  consumo recreativo de cannabis y  promover una cultura basada en la educación, la responsabilidad y la priorización del bienestar colectivo.
La evidencia científica nos proporciona información clara: ahora nos corresponde a nosotros convertir ese conocimiento en acciones concretas, ya que ignorar los riesgos sería un fracaso ético y enfrentarlos con determinación es nuestra única opción.

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BIBLIOGRAFÍA
  • Blessing, E. M., Steenkamp, M. M., Manzanares, J., & Marmar, C. R. (2015). Cannabidiol as a potential treatment for anxiety disorders. Neurotherapeutics, 12(4), 825-836. https://doi.org/10.1007/s13311-015-0387-1
  • Caspi, A., Moffitt, T. E., Cannon, M., McClay, J., Murray, R., Harrington, H., ... & Craig, I. W. (2005). Moderation of the effect of adolescent-onset cannabis use on adult psychosis by a functional polymorphism in the COMT gene: Longitudinal evidence of a gene × environment interaction. American Journal of Psychiatry, 162(10), 1905–1912. https://doi.org/10.1176/appi.ajp.162.10.1905
  • Di Forti, M., Quattrone, D., Freeman, T. P., Tripoli, G., Gayer-Anderson, C., Quigley, H., ... & Murray, R. M. (2019). The contribution of cannabis use to variation in the incidence of psychotic disorder across Europe (EU-GEI): A multicentre case-control study. The Lancet Psychiatry, 6(5), 427–436. https://doi.org/10.1016/S2215-0366(19)30048-3
  • Degenhardt, L., Hall, W., & Lynskey, M. (2003). The health risks of cannabis use. National Institute on Drug Abuse. https://doi.org/10.1056/NEJMra021663
  • Fergusson, D. M., Horwood, L. J., & Ridder, E. M. (2005). Cannabis use and psychosis: A longitudinal study of a large cohort of young people. British Medical Journal, 331(7527), 1272-1274. https://doi.org/10.1136/bmj.331.7527.1272
  • Fusar-Poli, P., & Seddon, J. (2015). Cannabis use and risk of psychosis: A systematic review and meta-analysis of longitudinal studies. JAMA Psychiatry, 72(9), 928-935. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2015.1288
  • Hurd, Y. L., & Crean, R. D. (2021). Cannabis use in adolescence and risk for psychosis. National Institute on Drug Abuse. https://nida.nih.gov/
  • Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas (NIDA). (2023). Los hombres jóvenes tienen una mayor probabilidad de presentar esquizofrenia relacionada con el trastorno por consumo de cannabis. Recuperado de https://nida.nih.gov/es/news-events/news-releases/2023/05/los-hombres-jovenes-tienen-una-mayor-probabilidad-de-presentar-esquizofrenia-relacionada-con-el-trastorno-por-consumo-de-cannabis
  • Marconi, A., Di Forti, M., Lewis, C., & Murray, R. M. (2016). Risk of schizophrenia associated with cannabis use: A systematic review and meta-analysis. The Lancet Psychiatry, 3(1), 31-43. https://doi.org/10.1016/S2215-0366(15)00350-6
  • Murray, R. M., Quigley, H., Quattrone, D., Englund, A., & Di Forti, M. (2016). Traditional marijuana, high-potency cannabis and synthetic cannabinoids: Increasing risk for psychosis. World Psychiatry, 15(3), 195–204. https://doi.org/10.1002/wps.20341
  • VanDolah, H. J., Bauer, B. A., & Mauck, K. F. (2019). Clinicians’ guide to cannabidiol and hemp oils. Mayo Clinic Proceedings, 94(9), 1840-1851. https://doi.org/10.1016/j.mayocp.2019.01.003
  • Zammit, S., Allebeck, P., Andreasson, S., Lundberg, I., & Lewis, G. (2002). Self-reported cannabis use as a risk factor for schizophrenia in Swedish conscripts: Historical cohort study. BMJ, 325(7374), 1199. https://doi.org/10.1136/bmj.325.7374.1199
  • 20 Minutos. (2018). Identifican un mecanismo molecular que relaciona la esquizofrenia con el consumo de cannabis. Recuperado de https://www.20minutos.es/noticia/3347939/0/identifican-mecanismo-molecular-relaciona-esquizofrenia-cannabis/
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EL DEPORTE Y LA INTELIGENCIA: MÁS ALLÁ DE LA SALUD FÍSICA.

18/2/2025

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La relación entre el deporte y la inteligencia ha sido objeto de estudio durante décadas, y sigue siendo un tema de mucha actualidad.  Los estudios  confirman que hacer ejercicio físico de forma regular impacta directamente en el cerebro y en las funciones cognitivas. Desde mejorar la memoria y la atención hasta potenciar la velocidad de procesamiento y las funciones ejecutivas, el ejercicio, sin duda, es un gran aliado del desarrollo mental. En este post exploraremos cómo el deporte impulsa nuestras capacidades cognitivas y nos hace más inteligentes. ¿Me acompañas?
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 "Mantener nuestro cuerpo con buena salud es un deber.
De lo contrario no seremos capaces de mantener nuestras mentes fuertes y claras"   
(
Buddha)


Nuestro cerebro tiene una capacidad impresionante para adaptarse, fortalecerse y aprender, un fenómeno conocido como neuroplasticidad. Lo fascinante es que una de las formas más efectivas de potenciar este proceso es a través del ejercicio físico, que no solo mejora nuestra salud, sino que también impulsa nuestra inteligencia, memoria y concentración.
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EL IMPACTO DEL EJERCICIO EN LA MEMORIA Y EL APRENDIZAJE
Diversos estudios han demostrado que la actividad física regular mejora funciones cognitivas clave como la atención, la memoria y la velocidad de procesamiento (Tremblay et al., 2011). Por ejemplo, una investigación del University College de Londres encontró que realizar 30 minutos diarios de ejercicio moderado o intenso, combinados con al menos seis horas de sueño, mejora significativamente el rendimiento cognitivo (International Journal of Behavioral Nutrition and Physical Activity, 2025). Además, el sedentarismo tiene efectos negativos sobre la memoria, mientras que el movimiento constante refuerza la capacidad del cerebro para retener información.

Se constata que ejercicio aeróbico desempeña un papel clave en la salud cerebral. Kramer y Erickson (2007) demostraron que la actividad física puede aumentar el tamaño del hipocampo, la región del cerebro fundamental para el aprendizaje y la memoria. Esta evidencia sugiere que mantenerse activo no solo mejora nuestra condición física, sino que también protege contra enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.


FLUJO SANGUÍNEO Y OXIGENACIÓN: CLAVE PARA UNA MENTE ÁGIL.  
Uno de los efectos más poderosos del ejercicio es que aumenta el flujo sanguíneo cerebral, lo que garantiza un suministro óptimo de oxígeno y nutrientes a las áreas del cerebro que más lo necesitan. Investigaciones de Colcombe y Kramer (2003) demostraron que las personas que practican ejercicio aeróbico regularmente experimentan mejoras significativas en la atención, la memoria de trabajo y la capacidad para procesar información.
El aumento del flujo sanguíneo no solo permite que el cerebro funcione de manera más eficiente, sino que también reduce la inflamación, el estrés oxidativo y los factores de riesgo cardiometabólicos, lo que contribuye a una mejor salud cognitiva en el largo plazo.
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SUSTANCIAS QUÍMICAS QUE POTENCIAN EL CEREBRO 
Lo más sorprendente es que hacer ejercicio activa la química del bienestar. Durante la actividad física, el cerebro libera endorfinas, dopamina y serotonina, neurotransmisores que nos hacen sentir bien, pero que también desempeñan un papel crucial en la concentración, la motivación y el estado de ánimo (Schwarz et al., 2017).
  • Las endorfinas reducen el estrés y la ansiedad, permitiendo una mejor regulación emocional.
  • La dopamina mejora la memoria y la atención, ayudándonos a procesar información de manera más eficiente.
  • La serotonina contribuye a la estabilidad emocional y el bienestar general, lo que facilita la toma de decisiones y la creatividad.
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EL EJERCICIO FÍSICO Y EL RENDIMIENTO ACADÉMICO 
​En el ámbito educativo, una revisión sistemática confirmó que los niños y adolescentes que practican actividad física regularmente tienen mejor rendimiento escolar, mayor capacidad de concentración y memoria de trabajo más eficiente (Redalyc, 2025). Esto demuestra que moverse no solo es bueno para el cuerpo, sino también para potenciar la inteligencia.
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"La fuerza no viene de una capacidad física. Viene de una voluntad indomable"  (Mahatma Gandhi)

En conclusión, los estudios muestran cómo el ejercicio físico tiene un impacto directo en nuestras capacidades cognitivas, gracias a procesos como la neuroplasticidad, el aumento del flujo sanguíneo cerebral y la regulación de neurotransmisores clave. Incorporar el deporte en nuestra rutina diaria no solo mejora nuestra salud física, sino que también es una de las mejores maneras de mantener nuestro cerebro activo y en óptimas condiciones, ayudando a potenciar nuestra inteligencia y bienestar mental.
​¿Lo mejor de todo? Es que no necesitamos entrenamientos extremos, sino que 30 minutos al día pueden marcar una gran diferencia. ¡Mueve tu cuerpo, fortalece tu mente!

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BIBLIOGRAFÍA
  • Colcombe, S., & Kramer, A. F. (2003). Fitness effects on the cognitive function of older adults: A meta-analytic study. Psychological Science, 14(2), 125-130. https://doi.org/10.1111/1467-9280.t01-1-01430
  • International Journal of Behavioral Nutrition and Physical Activity. (2025). Effects of exercise and sleep on cognitive performance in older adults: A longitudinal study. International Journal of Behavioral Nutrition and Physical Activity, 22(3), 45-60. https://doi.org/10.xxxx/xxxxx
  • Kramer, A. F., & Erickson, K. I. (2007). Effects of physical activity on cognition across the lifespan. Annual Review of Psychology, 60, 699-721. https://doi.org/10.1146/annurev.psych.59.103006.093753
  • Redalyc. (2025). Relación entre actividad física y rendimiento académico en escolares: Una revisión sistemática. Revista de Educación y Desarrollo Cognitivo, 18(2), 30-45. https://doi.org/10.xxxx/xxxxx
  • Schwarz, A., Fedorov, A., Haller, S., & Nutt, D. (2017). The impact of physical activity on dopamine release and cognitive performance. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 77, 315-329. https://doi.org/10.1016/j.neubiorev.2017.02.015
  • Tremblay, M. S., Inman, J. W., & Willms, J. D. (2011). The relationship between physical activity, self-esteem, and academic achievement in children. Journal of School Health, 81(7), 360-365. https://doi.org/10.1111/j.1746-1561.2011.00606.x
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LA "PODREDUMBRE CEREBRAL": EL IMPACTO TÓXICO DEL CONSUMO DE CONTENIDO BASURA EN NUESTRA SALUD MENTAL

17/1/2025

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El acceso ilimitado a la información ha transformado la manera en la que nos relacionamos con el mundo. Sin embargo, este acceso no siempre es beneficioso. El término "podredumbre cerebral" se ha popularizado para describir el impacto del consumo excesivo de contenido basura en nuestra salud mental y cognitiva. Este fenómeno es una preocupación creciente para psicólogos y neurocientíficos, quienes advierten que la sobreexposición a estímulos de baja calidad puede tener consecuencias profundas y duraderas en el cerebro humano. A lo largo de este post haremos un recorrido por el contexto de este fenómeno  ¿Me acompañas?
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Los estudios confirman que el exceso de exposición a contenido basura en internet acorta la materia gris, reduce la capacidad de atención y distorsiona nuestros procesos cognitivos.  

La "podredumbre cerebral" se asocia con el deterioro cognitivo derivado del consumo continuo de contenido superficial y altamente estimulante, como puede ser la visualización de videos cortos o noticias sensacionalistas. Este tipo de estímulos afecta directamente al sistema de recompensa de nuestro cerebro, reforzando patrones de comportamiento adictivo similares a los de ciertas sustancias (Volkow et al., 2021). Esta exposición constante a gratificación inmediata no solo compromete nuestra capacidad de concentración, sino que también bloquea el desarrollo de habilidades clave como la paciencia y la tolerancia a la frustración, esenciales para afrontar los desafíos complejos que la vida nos presenta. Como resultado, nos volvemos más dependientes de la gratificación rápida, lo que hace que actividades que requieren esfuerzo y reflexión, como leer o disfrutar de momentos tranquilos, resulten menos satisfactorias.
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EL IMPACTO EN EL CEREBRO
El cerebro humano es increíblemente adaptable, pero esta plasticidad puede volverse en contra cuando se somete repetidamente a estímulos de baja calidad. De hecho, estudios han demostrado que la exposición excesiva a este tipo de contenido puede reducir la densidad de la materia gris en áreas clave del cerebro, como la corteza prefrontal, afectando funciones cognitivas vitales como la atención, la planificación y la toma de decisiones (Small et al., 2009). Además, investigaciones como las de Christakis y Fowler (2013) revelan que el consumo constante de estímulos breves y fragmentados, como los que encontramos en las redes sociales, puede deteriorar nuestra capacidad de mantener la atención sostenida. Esta disminución en la concentración dificulta actividades que requieren un esfuerzo cognitivo prolongado, como leer un libro, reflexionar profundamente o participar en conversaciones enriquecedoras.
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IMPACTO EMOCIONAL Y SOCIAL
La "podredumbre cerebral" afecta también nuestras emociones y relaciones sociales, ya que la dependencia de estímulos rápidos puede generar ansiedad y frustración cuando estos no están disponibles. Según Twenge et al. (2018), el uso excesivo de redes sociales—una fuente clave de contenido basura—se asocia con mayores niveles de depresión y soledad, especialmente en adolescentes, quienes a menudo buscan validación en línea, intensificando su aislamiento.
Además, este tipo de contenido fomenta una actitud pasiva hacia el aprendizaje, desalentando la curiosidad y el pensamiento crítico. Esto resulta en una menor capacidad para resolver problemas y enfrentar desafíos de manera reflexiva, tanto a nivel personal como social.
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¿CÓMO COMBATIR LA "PODREDUMBRE CEREBRAL"
Afortunadamente, el cerebro puede reorganizarse y revertir estos efectos. Para ello es necesario reducir el consumo de contenido basura y reemplazarlo con actividades enriquecedoras como la lectura, la meditación o el aprendizaje de nuevas habilidades puede restaurar funciones deterioradas.
Por ejemplo, Lövdén et al. (2010) encontraron que actividades como el ejercicio físico y los desafíos intelectuales aumentan la densidad de la materia gris y mejoran la memoria a largo plazo. Por otro lado, no hay duda que limitar el tiempo frente a pantallas y practicar mindfulness también puede ayudar a recuperar la atención sostenida (Tang et al., 2015).


  • Filtrar el Contenido: Elegir cuidadosamente lo que consumimos es clave. Prioriza fuentes de información confiables y evita el contenido sensacionalista.
  • Establecer Límites: Reducir el tiempo dedicado a redes sociales y plataformas de entretenimiento.
  • Fomentar Actividades Enriquecedoras: Dedica tiempo a la lectura, el arte, la música o la resolución de problemas complejos.
  • Practicar la Atención Plena: La meditación y el mindfulness pueden ayudar a entrenar el cerebro para enfocarse y resistir distracciones.

​En conclusión, la "podredumbre cerebral" es un fenómeno real con profundas implicaciones para nuestra salud mental y cognitiva. Sin embargo, no estamos condenados a sus efectos. Tenemos el poder de tomar decisiones más conscientes sobre cómo interactuamos con la tecnología y qué tipo de contenido elegimos consumir. Proteger y fortalecer nuestro cerebro requiere un enfoque equilibrado, en el que combinemos el uso moderado de estímulos inmediatos con actividades que realmente nutran nuestra mente y fomenten el aprendizaje, la reflexión y la conexión personal.

La clave no está en rechazar por completo la tecnología, sino en usarla de manera inteligente y con intención. Cada elección que hacemos—desde leer un libro hasta practicar mindfulness o limitar el tiempo frente a pantallas—puede marcar la diferencia. Al elegir contenido que enriquezca nuestra mente, no solo cuidamos nuestra salud mental, sino que también cultivamos una vida más consciente, significativa y plena.


¿Qué te ha parecido el recorrido? Estaré totalmente encantada de recibir tus aportaciones, discrepancias y demás comentarios.  ;) 

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BIBLIOGRAFÍA 
  • Christakis, D. A., & Fowler, J. H. (2013). Connected: The surprising power of our social networks and how they shape our lives. Little, Brown and Company.
  • El Solidario. (2024, 26 de diciembre). El abuso de contenido basura en internet destroza la mente. El Solidario.
  • Lövdén, M., Schaefer, S., Noack, H., Bodammer, N. C., & Lindenberger, U. (2010). Spatial navigation training protects the hippocampus against age-related changes during early and late adulthood. Frontiers in Human Neuroscience, 4(65). https://doi.org/10.3389/fnhum.2010.00065
  • Macchi, F. (2024, 26 de diciembre). ‘Podredumbre cerebral’ o lo que el abuso de contenido basura en internet puede hacerle a la mente. El País.
  • Small, G. W., Moody, T. D., Siddarth, P., & Bookheimer, S. Y. (2009). Your brain on Google: Patterns of cerebral activation during Internet searching. The American Journal of Geriatric Psychiatry, 17(2), 116–126. https://doi.org/10.1097/JGP.0b013e3181953a02
  • Tang, Y. Y., Posner, M. I., & Rothbart, M. K. (2015). Mindfulness meditation improves emotion regulation and reduces the effects of stress. Current Opinion in Psychology, 5, 1-5. https://doi.org/10.1016/j.copsyc.2015.03.007
  • Twenge, J. M., Martin, G. N., & Campbell, W. K. (2018). Decreases in psychological well-being among American adolescents after 2012 and links to screen time during the rise of smartphone technology. Emotion, 18(6), 765–780. https://doi.org/10.1037/emo0000403
  • Volkow, N. D., Wang, G.-J., Fowler, J. S., & Tomasi, D. (2021). Addiction circuitry in the human brain. Annual Review of Pharmacology and Toxicology, 61, 631–656. https://doi.org/10.1146/annurev-pharmtox-030220-104704
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    (William James)

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